El exministro de Salud, Marcelo Navajas, se plantó un día de principio de mayo en la Cámara de Diputados y espetó aquello de “llegaremos a 10.000 casos en mayo si nos va bien” seguido del “y habrá muchos muertos”. Lo cierto es que nos quedamos a 18 casos de superar la barrera el 31 de mayo, pero no porque nos haya ido bien ni mucho menos.

En elpais.bo analizamos dos veces por qué no llegaríamos a 10.000 pruebas. En la primera estimábamos 5.782 o 9.466, según las pruebas que se lograran (https://bit.ly/2Y5Ehe0)  y en la segunda 9.377 (https://bit.ly/2z4iafH) . Evidentemente los resultados de la última semana dieron un vuelco a la “curva” y situaron la cifra a 18 de los 10.000, lo que evidencia malas noticias.

En mayo – siempre según los datos oficiales del Ministerio de Salud – se han realizado 22.406 pruebas de laboratorio, de las que 8.815 salieron positivas, lo que da un porcentaje de “acierto” del 39 por ciento y un promedio de 284 positivos diarios. Las semanas, sin embargo, han sido muy diferentes. Mientras en los primeros siete días de mayo se realizaron 3.548 pruebas de laboratorio para diagnosticar a 914 pacientes positivos, lo que da un porcentaje del 25,7% y un promedio de 130 casos, en los últimos siete días se han realizado 6.963 pruebas para diagnosticar a 3.719, lo que da un porcentaje de acierto del 53,41% y un promedio de 531 positivos diarios.

La clave hay que buscarla, como siempre, en el número de pruebas realizadas. En mayo el promedio es de 722 diarias, pero varía mucho de las 506 de media que se hicieron en los primeros siete días a las 994 que se hicieron de media en los últimos.

El 27 de mayo, con 1.476 pruebas realizadas, pasa por ser el que más test se hicieron desde que empezó la pandemia, aunque es el 30 de mayo, con 861 positivos, el día que más positivos se encontraron. Ese día, el 67% de las pruebas confirmaron el virus, una cantidad muy por encima de lo que recomienda la OMS para entender que la estrategia de test masivos se lleva adecuadamente.

El caso del 27 de mayo es extraordinario y tiene que ver con la tendencia y cierres de estadísticas para el reporte. Los dos días anteriores, por ejemplo, se hicieron 866 y 779, y de acuerdo al gráfico, se puede deducir que todavía no están operativas al 100% todos los laboratorios del país, que según el hoy desaparecido embajador de Ciencia y Tecnología, Mohammed Mostajo, iba a llegar a 1.300 diarias. También el ex ministro Aníbal Cruz comprometió esa cifra el día de antes de renunciar. Al momento no se ha aclarado una intención diferente e incluso se han suspendido adquisiciones de máquinas en plena crisis por las compras con sobreprecio.

¿Qué pasará en junio?

Con el límite aun no alcanzado de 1.300 pruebas diarias, puede resultar un ejercicio poco científico proyectar curvas y picos, pero también poco social: quienes afirman que “el pico” llegará en junio, julio o agosto, lo que de alguna forma quieren decir es que “se haga lo que se haga, la pandemia va a seguir su ciclo”, y eso evidentemente no es así.

La cifra más extendida por los expertos de las proyecciones es la de 74.000 casos confirmados en junio. Una cifra que parece imposible de acuerdo a los datos, pues tomando los dos datos oficiales de positivos detectados el lunes (549), el martes (460) y el miércoles (647) y suponiendo que el país empezara a hacer 1.300 pruebas diarias desde hoy y absolutamente todas salieran positivas tendríamos un total de 36.756 casos positivos confirmados en junio, que al sumarse a los 9.982 que se sumaron hasta mayo, alcanzaríamos 46.738.

El paradigma de los graves, y el estigma

Es posible que el paradigma cambie en las próximas semanas y se apliquen protocolos diferentes pero que requieren de mucho compromiso humano y mucha disponibilidad de personal en los Sedes para que tenga éxito: Las pruebas se reservan para pacientes que requieren hospitalización, mientras que los contactos con síntomas leves o sin contactos son aislados y monitoreados en casa.

En España se estimaba que el 15% de la población había padecido la enfermedad, aunque apenas el 1% había requerido atención médica. El test serológico posterior indicó que apenas es un 5%, lo que ha encendido diversas alarmas ante un presumible rebrote en otoño (primavera austral). Con todo, España, que decretó su estado de alarma una semana antes que en Bolivia, llegó a picos de 950 decesos y 10.000 positivos diarios y solo se cerraron las actividades no esenciales, más allá de los servicios, durante dos semanas, ya lleva dos días sin registrar fallecidos y una cifra de contagios inferior a la de Bolivia.

En Bolivia, el Gobierno descartó la aplicación de test rápidos para salir a buscar infectados antes de que manifestaran síntomas y dictó un protocolo estricto para someter a pruebas a los pacientes ante la falta de reactivos. A esto se suma la cuestión cultural del relacionamiento con lo médico, pues más allá de las leyes específicas por la emergencia que garantizan el pago público de la internación y los fármacos, no es “costumbre” pedir ayuda a las primeras de cambio, esto implica que en determinadas zonas del país se ha estado incubando el virus, pero que se evidencia después con la llegada a los hospitales de pacientes críticos.

La explosión reciente en Cochabamba y La Paz, como en su momento en Oruro, parecen responder a una lógica similar, además de las propias limitaciones del sistema sanitario.

Los expertos piden centrar la atención ahora en los muertos, que también han experimentado una curva creciente en los últimos días, al mismo tiempo que se pide extremar la atención en lo que sucede en cementerios clandestinos o comunales. “No es cuestión de ir a mirar a todos a Trinidad y no verificar lo que pasa en Patacamaya”. También en los rendimientos de las salas de Terapia Intensiva, todavía muy insuficientes en el país y que en algunos casos, como en Trinidad, tenían una tasa de letalidad del 100% hasta el miércoles 3 de junio, donde se recuperó la primera paciente.

La exactitud de las matemáticas puede ayudar en el seguimiento de la enfermedad, pero no parece que la prospección vaya a ayudar demasiado. La salud es demasiado humana como para ceñirse a los números, y el coronavirus se ha demostrado como un virus impredecible cuya propagación tiene demasiado que ver con las costumbres culturales y sociales, las imprudencias y las urgencias. De nada sirve hacer números si nadie se cuida.