Migrantes: la pesadilla de regresar en cenizas a la patria

“Regresar a la patria debe ser uno de los más grandes sueños de todo migrante, hemos llorado escuchando cuecas, morenadas y huayños”, dice Sebastían Camacho, quien sueña con regresar a casa y morir en “su La Paz” como él la llama.

Éste sentimiento es similar en todos los migrantes, pero hoy la pandemia está diluyendo este sueño. Los casos más representativos de esta realidad se expresan en los migrantes mexicanos que viven en Estados Unidos y los bolivianos que radican en España.

Numerosos mexicanos que fallecieron en Estados Unidos por covid-19, y que soñaban con regresar a su tierra y retomar su vida en sus pueblos no vuelven a México en féretro, sino en urnas con sus cenizas, así lo cuenta el periodista Kau Sirenio Pioquinto.

De acuerdo a Sirenio el sueño migrante mexicano de morir en su tierra se ha esfumado para varios. “Antes de partir al inframundo zapoteca, Lucio Santiago no tuvo que lidiar con los perros para que lo ayudaran a cruzar el río. Lucio murió por covid y su cuerpo no podrá volver a la región Cuicateca Alta de Oaxaca para escuchar música y tomar mezcal antes de despedirse de sus familiares”.

La única opción de regresar a su tierra para muchos mexicanos que fallecieron en Estados Unidos por coronavirus es cremados. Según Sirenio en los pueblos zapotecos de donde proviene Lucio, sin embargo, no se incinera el cadáver, se le prepara para su último viaje al inframundo, guiado por un perro.

Para el camino, en el ataúd le depositan un peine, una jícara, un jabón, para que el finado se bañe y llegue limpio ante su destino. Además, le colocan monedas para que pague las deudas que dejó pendientes.

“La autoridad sanitaria impidió que Lucio hiciera el largo viaje a su pueblo, por lo que su cuerpo se quedará en Los Ángeles, en el estado de California. Sus familiares decidieron que descanse en esa ciudad para que pueda hacer compañía a los enfermos que cuidó durante los 20 años que trabajó como ayudante de enfermero. Su oficio le permitió sonreírles en vida a los ancianos de un asilo del que él se hizo cargo, cuando recién llegó de Oaxaca”, expresa Sirenio.

La activista Oralia Maceda explica que el sueño de todos los migrantes es trabajar, ahorrar dólares para comprar un terreno y construir una casa donde vivir cuando regresen a su comunidad.

Sin embargo, Lucio no alcanzó a ver los bienes que logró hacer en México mientras trabajaba en un hospital al Sur de Los Ángeles.

A dos meses de la pandemia de la covid-19 en Estados Unidos han fallecido mil 36 mexicanos, según el más reciente reporte oficial. Nueva York ocupa el primer lugar con 671 muertos, le sigue California con 103, y el estado de Illinois con 73.

Cuando se reunían los fines de semana, los migrantes mexicanos hablaban de sus sueños de regresar a México a morir. Entonaban canciones entre “paisas” en los surcos del Valle Central de California o en los restaurantes de Manhattan.

Pero su deseo de volver jamás se concretó para poblanos, michoacanos, oaxaqueños, guerrerenses, chiapanecos, veracruzanos, tabasqueños…

En muchos encuentros en la casa donde vivían hacinados para ahorrar la renta siempre escuchaban El mojado acaudalado de Los Tigres del Norte. Con los años, convirtieron la canción en el himno del migrante: “Me estás esperando, México lindo/ Por eso mismo me voy a ir/ Soy el mojado acaudalado/ Pero en mi tierra quiero morir…”

Los que fallecieron en Nueva York regresarán en urnas y no en féretros como solían volver los que morían en esta ciudad. La repatriación de los cadáveres complicó todo antes de la pandemia.

Cuando una persona fallece los paisanos cooperan para pagar los gastos fúnebres y el envío de los cuerpos de regreso a México para ser sepultado con los protocolos indígenas si fuera necesario. Con la pandemia, no fue posible hacer la cooperación.

Bolivianos muertos en España

En España para los bolivianos la situación es similar. Según datos de la Embajada cerca de 240 mil bolivianos viven en ese país y muchos están siendo golpeados por la pandemia.

Isabel Urbina tiene 55 años, se fue a España hace tres años a ganar dinero para poderle construir una casa a sus hijos, quienes se quedaron al cuidado de su hermana. Desde siempre ha mantenido contacto estrecho con ellos a través de llamadas telefónicas diarias. Su sueño es reencontrarse con sus pequeños y comenzar a construir lo añorado.

En España ha hecho de todo, desde trabajar como mesera en restaurants hasta limpiar pisos. Pero fue hace tres años que trabaja como cuidadora de un anciano, cuyos hijos prácticamente lo han abandonado.

En medio de la escalada de la pandemia, de hospitales colapsados y de gente que muere en plena calle, era Isabel quien salía a hacer las compras, a recoger los remedios y todo cuanto era necesario.

Más aún, un 30 de marzo fue el día en que todo el sueño que había cultivado de pronto se desvanecía. Su fiebre llegaba a los 40 grados y sentía presión en el pecho, fue entonces cuando no dudó más y llamó a su hermana para despedirse y encargar a sus hijos. Ésta de inmediato le recomendó ir a un hospital y no rendirse.  “¿Quién me va a atender a mí, si los mismos españoles están muriendo en las calles?” dijo temblorosa Isabel.

Así pasaron los días y luego de dos semanas sus síntomas mejoraron, fue entonces cuando volvió a sonreír y a atender a Esteban (el anciano) sin distanciamientos. El anciano jamás se enteró que su vida corría peligro, pues Isabel aunque tomó precauciones no quiso decírselo por “no dañarle el alma” como dice ella.

Sin embargo, no todos los bolivianos en España u otros países tienen la misma suerte, y aunque no hay una estadística global de los fallecidos hasta la fecha hay ciertos recuentos graduales.

La Embajada desde el 25 de marzo previo consentimiento de los familiares publicó una decena de condolencias y esquelas de compatriotas fallecidos por Covid.

Uno de los últimos casos que se conoció fue el de una conocida folklorista. M.A.R., conocida como la “embajadora cultural” boliviana.

Otro caso que salió a la luz es el de Juana Evana Justiniano Carrillo, cruceña de 45 años, quien falleció en Barcelona. Ella era una enfermera cruceña y aunque su hija pequeña también fue infectada, la menor se recuperó.

El 30 de marzo también se conoció del fallecimiento en Madrid de Sander Antezana Orellana, orureño de 44 años. Vivió allá durante 18 años.

El 7 de abril, se supo de la muerte de Hernán Rodríguez Ribera en Terrasa; el 9 de abril de Julieta Borda Murillo en Barcelona.  El 10 de abril de Jenny Elizabeth Flores también en Barcelona. Ella tenía 47 años, y era de Cochabamba.

El 12 de abril se conoció la muerte de José Enrique Camacho Herbas, cochabambino en Barcelona. También murió Miguel Ángel Monasterios Ribera en Valencia.

El 21 de abril se informó del fallecimiento de Wálter Molina Yama en Logroño, oriundo de Beni. El mismo día se informó sobre la muerte de Marilín Avine de Ramos en Madrid.

Éstos son algunos de los bolivianos que no cumplirán el sueño de retornar a su patria, al menos no en vida ni en cuerpo. Acorde a las normas sanitarias sus cuerpos fueron cremados y hoy al no existir viajes internacionales muchas de sus familias esperan la repatriación de sus cenizas. “Cuando tengamos sus cenizas, Dios lo permita, le haremos una misa y ojalá un velorio con la familia”, dice la hija de uno de los bolivianos fallecidos, quien prefirió guardar su identidad.